El acto, aprobado y respaldado por el Arzobispado de Sevilla, fue presidido por Monseñor D. Ramón Valdivia Jiménez, Obispo Auxiliar de Sevilla, acompañado por el Rvdo. P. D. Francisco Javier Domínguez Moreno, director espiritual de la corporación. Ambos resaltaron la profunda significación del momento, subrayando el valor de la fe, la devoción y la memoria colectiva de un pueblo que nunca ha olvidado el origen de su historia.
La jornada comenzó con una peregrinación encabezada por el Patrón de Huévar, San Sebastián Mártir, que regresó al lugar donde durante siglos recibió culto junto a la Santísima Virgen de la Sangre y al Santo Cristo de la Vera Cruz. Este gesto simbólico supuso un reencuentro con las raíces más hondas del sangrismo y una emotiva mirada al pasado que dio sentido a la devoción actual.
Durante el acto, el Hermano Mayor, D. José María Barrera Segura, pronunció unas emocionadas palabras en las que evocó los orígenes de la devoción, el significado de aquel milagroso suceso y la misión de todos los hermanos de mantener viva la llama de la fe. Recordó, además, a tantos sangristas que, a lo largo de los siglos, trabajaron incansablemente por amor a sus titulares, transmitiendo de generación en generación el compromiso de no olvidar nunca de dónde venimos ni a quién debemos nuestra historia.
Posteriormente, Monseñor Ramón Valdivia dedicó unas palabras llenas de afecto, destacando el privilegio de contar con una historia tan hermosa en un lugar tan exclusivo y sumamente espiritual, alentando a los fieles a acudir a rezar allí, donde todo comenzó.
El acto, retransmitido a nivel internacional por el canal católico María Visión, culminó con la bendición del monumento, entre los aplausos y la emoción contenida de los presentes, conscientes de estar viviendo un momento irrepetible para la historia de la Hermandad y del pueblo de Huévar.
Con esta bendición, la Hermandad de la Sangre da un paso decisivo en el reconocimiento de sus orígenes, levantando el primer monumento dedicado a la devoción de la Virgen de la Sangre y al milagroso suceso que marcó para siempre la identidad espiritual de Huévar. Un acto que no solo recupera la memoria de la Ermita y del Hospital que en su día existieron en aquel lugar, sino que también reafirma el compromiso de los sangristas de hoy con el legado que heredaron.
Este monumento no es solo piedra ni memoria: es fe hecha presencia. Es el testimonio vivo de un pueblo que sigue caminando junto a su Madre, convencido de que la Sangre de María sigue derramando vida, historia y esperanza sobre la Tierra que lleva su nombre.
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