Acerca de la devoción de Jesús del Gran Poder
La devoción que nuestro pueblo de Bollullos de la Mitación profesa a la bendita Imagen del Señor del Gran Poder es tan intensa y profundamente arraigada en la espiritualidad local, que la convierte en un símbolo de la fe de todo nuestro pueblo. Su culto y veneración trascienden más allá de los límites de la Hermandad y de la localidad, reflejándose en las continuas visitas que recibe en su capilla, en las promesas de los fieles y en el impacto social que despierta.
A pesar de que la imagen no tiene una antigüedad de siglos, desde su bendición gozó de mucha aceptación por razones muy diversas, entre ellas está la titulación de la misma “Jesús del Gran Poder”, que su génesis ha sido en nuestro pueblo y obra de un paisano nuestro y que nuestra Hermandad surgió por iniciativa de un grupo de jóvenes feligreses en unas circunstancias sociales de nuestra localidad muy necesitadas de renovación de nuestra fe. Su presencia impresionó grandemente e igualmente la cofradía por las calles de nuestro pueblo en los años 50 del siglo pasado, marcando en el imaginario colectivo su sobresaliente devoción como se recoge en la letra de su himno.
Su imagen es un instrumento de gracia y protección en momentos difíciles para nosotros y es un símbolo patente de la piedad popular de Bollullos. El primer domingo de Cuaresma, al besar sus manos o sus pies manifestamos nuestro arrepentimiento con piedad, como hizo María Magdalena reconociendo a Jesús como el Salvador.
Todos los que nos sentimos fieles a la imagen del Señor del Gran Poder formamos parte de ella, si expresamos con nuestra actitud la caridad y el respeto que ella trasmite como Palabra de Dios y representación de Cristo que está viva entre nosotros. Ahí radica la responsabilidad de la Hermandad y la respuesta que debe ofrecer a sus hermanos y devotos. Las imágenes no son intemporales e impersonales, sino que las mostramos vinculadas a nosotros, a nuestra Hermandad y a nuestras personas, haciéndonos imágenes de la Imagen con nuestro testimonio.
Para el creyente y especialmente para los cofrades, la veneración se realiza verdaderamente si al ofrecer ese acto de culto particular o público se tiene la intención de adorar en la Imagen la realidad divina en ella representada. Por ello, nuestras imágenes no deben ser meros objetos artísticos, no son algo pasivo y estático, hablan exactamente igual que lo hacen las páginas del Evangelio.
“Jesús del Gran Poder, ten misericordia de nosotros” es la súplica más repetida cuando nos dirigimos a Él de palabra o con la mirada para confiarle nuestras preocupaciones, para abrazarnos a su Cruz cuando no vemos el camino y poder seguir sus pasos, para sentirnos confortados en la pasión y muerte de Cristo que nos conduce a la esperanza de la Resurrección.
Es el Cristo al que los bollulleros acuden en sus momentos de angustia y necesidad. Al contemplarlo, su figura es refugio espiritual de los que sufren, confianza que no defrauda y que hace que lo veamos como un protector cercano. Cargado con la Cruz de nuestros pecados, humillado por el peso de nuestras culpas, representa la resistencia que vence frente a las adversidades que nos presenta la vida. Independientemente de la condición social de cada persona, todas las miradas se confunden implorando su misericordia, observando su rostro, su humilde semblante que camina obediente al Calvario.













