Como cada invierno, el camino de Villamanrique se ha vuelto a llenar de la fe y el sentimiento de su gente. La Hermandad del Rocío de Villamanrique, la más antigua de las filiales, ha celebrado este fin de semana su tradicional Peregrinación Extraordinaria de Invierno, un evento que en la localidad se conoce cariñosamente como las ‘Misas’.
Cientos de rocieros y rocieras se han desplazado hasta la aldea almonteña para postrarse ante la Virgen del Rocío, en un acto que trasciende lo religioso para convertirse en una de las señas de identidad más profundas del pueblo manriqueño.
Un respaldo institucional y popular
El regidor ha acompañado a la Junta de Gobierno y a sus Hermanos Mayores, destacando la importancia de esta cita para el pulso social y emocional del municipio. "Esta peregrinación es el reflejo del sentir y la devoción de Villamanrique a la Virgen del Rocío, una fe que se hereda de generación en generación", señalan desde la comitiva local.
El rito de las ‘Misas’
El momento culminante de la convivencia tuvo lugar en el Santuario, donde la Hermandad celebró su eucaristía anual de invierno. Las ‘Misas’ no son solo un acto de culto, sino un punto de encuentro para las familias de Villamanrique, que aprovechan estos días de "rocío chico" para vivir la aldea con una intensidad diferente a la de la romería de Pentecostés, marcada por la cercanía y el recogimiento del invierno.
Con esta peregrinación, Villamanrique vuelve a demostrar que su historia no se entiende sin las arenas del camino y que su vínculo con la Blanca Paloma permanece intacto y vibrante año tras año.
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