Torero en sazón

Emilio de Justo corta la única oreja de la mansada de Garcigrande

Emilio de Justo fue el único que en la tarde de la decima de abono pudo sobresalir del desastre ganadero de Garcigrande, cortando una oreja del segundo. Si sus parientes de ayer de Domingo Hernández fueron para olvidar pronto, los de esta tarde han sido aún peor.

Para empezar la presentación, todos muy terciados, de poco remate y con unos pitones astifinos, sí, pero de poco desarrollo. Y lo peor fue su juego, mansos, descastados y sin fuerza. El más aparente, en todos los sentidos, el quinto. El segundo fue un bombón de toro, a que el extremeño se acopló y dejó lo más estético de la tarde.

“Azafrán” era un bendito. Pasó por los primeros tercios cogido con alfileres. El presidente le perdonó el volver a los corrales y confió en que su procedencia le haría venirse arriba. Pero el que se vino arriba fue el torero. A De Justo, curtido en mil batallas, le cayó en suerte un toro que era puro almíbar. Nobilísimo y con una clase fuera de serie. Para hincharse a torear. Y eso hizo. Sacó muletazos de una calidad excelente. Se pusiera como se pusiera, el toro seguía ciegamente la muleta, sin una mala mirada, sin un mal derrote. Los entrenamientos con el carretón, seguro que muchas veces tienen más peligro. La emoción la ponía el torero, en vez del toro. El mundo al revés. Lo mató de un estoconazo y le cortó la oreja.

El quinto, fue el bueno del festejo. Todo en él fue más aparente. Y embestía por el derecho de forma extraordinaria. De Justo se dio cuenta de sus virtudes y en una demostración de saber estar, lo exprimió en una faena de mucha solvencia. Se le veía a gusto y siempre haciendo las cosas por derecho. Los muletazos tuvieron profundidad y firmeza. Si la estocada hubiera caído más en su sitio, se hubiera llevado otra oreja.

Ginés Marín lidió dos toros muy diferentes. Su primero fue un toro muy noble, pero también muy flojo y al que le faltó raza. Y con estos mimbres Marín anduvo a gorrazos. Hasta abusó de su encimismo final, cuando el toro ya ni se movía. Y el público ni lo valoró, porque la base del peligro, que se presupone en una corrida de toros, veía que aquí no aparecía.

El toro más cuajado de la tarde fue el sexto. Y también el más manso y descastado. En el tercio de varas recibió un puyazo de cada uno de los picadores. En banderillas se movió descompuesto. Y en la muleta lo poco que tuvo se lo robó el torero. Ginés hizo una faena porfiona, donde dejó tres naturales de buena factura, hasta que el toro lo descubrió y ya por ese pitón no le pudo dar ni uno más. Luego el resto de faena la basó por el pitón derecho, demostrando sus ganas, pero sin conseguir del todo el lucimiento que buscaba.

Y Cayetano era el que abría cartel y parece que ya no está para muchos trotes. Además su lote no valió un duro, sobre todo el cuarto, un dechado de falta de casta y fuerzas. Cayetano no se complicó mucho la vida, tampoco es que mereciera mucho la pena. Con su primero, un toro que por lo menos se movió con algo más de espíritu, la faena transcurrió entre una frialdad indiferente del público, al que le pesó el calorazo reinante, el desfondamiento general del toro y la falta de acople del madrileño. A los dos los mató con su clásico estilo heterodoxo.



FICHA DEL FESTEJO
Martes 16 de abril de 2024. Plaza de toros de la Real Maestranza de SEVILLA. Feria de Abril. Corrida de toros. 10º festejo de abono. Más de media entrada.

Seis toros de GARCIGRANDE, desiguales de presentación, terciados, con poco trapío y de menos juego. Mansos y descastados. A excepción del quinto, más encastado y el segundo, un inválido de una calidad suprema.

CAYETANO (nazareno y oro): estocada trasera (silencio); estocada (silencio).
EMILIO DE JUSTO (tabaco y oro): estocada (oreja); trasera y desprendida (saludos).
GINÉS MARÍN (verde oliva y oro): estocada casi entera (saludos); estocada (vuelta al ruedo).
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